Se escucharon las barcazas con gestos de dulzura.
Buscaron trémulas la sorda hiel de las campanas.
Cuando hubimos muerto
Desdeñosos habitáculos del camposanto
Volvieron a abrirse en plegarias.
He aquí el arrepentimiento de las plañideras
Hundiéndose en una antigua tumba.
Ellas son todas las viudas que escondí en el fuego
Con los cirios ya apagados
Y allí permanecen con sus falsas lágrimas
Sin murmurar siquiera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario