La búsqueda de las nieblas tiene ensimismada las sombras del agua.
Existió en cierta ocasión la incertidumbre en la misma corteza del
océano. Lo había soñado, también lo había vivido.
Tenía la tierra
hundiéndome en el fondo del asfalto, las sombras ennochecían las
ciudades y vivíamos moviéndonos sobre unas casas secretas como si volver
a nacer nos fuera siempre imprescindible.
martes, 3 de noviembre de 2015
Estallé
estallé
sí
para tu conocimiento
estallé en luz.
Nada
o casi toda
Estallé
contra el árbol
volcada hacia el otro ecuador
ninguna sombra
tal vez en algún rio
estallé.
De par en par
goteé todo el océano
me hice de raíces
me “ennudé” a la tierra
Estalle
y solo en mi vientre
te conquisté
sí
siendo tan frágil
ese secreto
te conquisté.
Estallé
en tu labio
hasta besarlo
una y otra vez.
Estallamos
sí
Lo teníamos todo por hacer
y fuimos unos engreídos.
Nos confiaron la alegría
y la dejamos escapar
hecha de pedazos que escondieron otros.
Nos dieron golpes
que guardamos en el rostro
y la llenamos de soledad
ese terrible asedio
que supuso nuestra ausencia permanente
de cualquier parte.
Llegamos a ser incluso
ladrones de todas los nombres
pero no supimos
merecernos la vida.
Ahora ya no tenemos
más pájaros que nos
regalen la libertad.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Me até las nubes al cuello hasta que me dejaron marcas de tormentas, luego me solté de ellas.Sin hablar apenas, las miré, tú aún no habías despertado. Las nubes que en vano se han ido, se alardean de mi intimidad más cáustica. Hubiera burlado su lenguaje, pero sería inútil, me deshice de ellas sólo cuando me dejaste el día entero para soñar.
He gastado las estaciones que me asignaron, dejé que las promesas fueran capaces
de asumir mi heredad
y accedí a la locura con la intención de no abandonarla nunca.
Ellos todos asistieron a mi coronamiento, el mundo entero presenció inerme como los insurrectos me dedicaban pleitesía.
Había ideado un plan me iría corriendo hacia la puerta,
contemplaría la anchura de la calle;meses antes habría allí amado como jamás
a todos los hombres y mujeres sin razón alguna.
Entonces maldicería mi impostura, la necedad celestial de otros tantos, fue entonces cuando accedí a la enajenación del bullicio y me alejé de todo aquello aposta como si la vida me fuera extraña siempre.
Foto: Lali Villavicencio
de asumir mi heredad
y accedí a la locura con la intención de no abandonarla nunca.
Ellos todos asistieron a mi coronamiento, el mundo entero presenció inerme como los insurrectos me dedicaban pleitesía.
Había ideado un plan me iría corriendo hacia la puerta,
contemplaría la anchura de la calle;meses antes habría allí amado como jamás
a todos los hombres y mujeres sin razón alguna.
Entonces maldicería mi impostura, la necedad celestial de otros tantos, fue entonces cuando accedí a la enajenación del bullicio y me alejé de todo aquello aposta como si la vida me fuera extraña siempre.
Foto: Lali Villavicencio
MICRORRELATO
Todo sucedió como esperábamos, el día había vuelto durante unos instantes y saqué para esa ocasión mi traje más azul. Habíamos pasado las horas anteriores sólo durmiendo, así que me apetecía acoplarme a ese ventanal que bordeada toda la pared del dormitorio . Si no había sido la casualidad, cosa que estoy segura que no sucedía, la falta de espontaneidad nos había dejado atrapados en esa desnutrida habitación que desde semanas seguía siéndonos indiferentes.
Él desde la cama fingía un esbozado de ronquido, me quedé mirándolo, no era la primera vez que lo hacía, de hecho siempre ocurría así. Pero mi traje más azul me tomaba el cuerpo y empezaba a rodearme con las luces inéditas de esa repentina mañana como si el día probase su estallido en sus horas más jóvenes. Sobre mis pezones que apenas sobresalian de la exigua tela de esta mañana de noviembre y que contenía el olor de la noche, había un fino aliento de otros mundos, de otras manos que jamás habían tocado mi cuerpo.
Lo seguí contemplando y sonrojé, ya no temía que descubriera mi secreto...
Todo sucedió como esperábamos, el día había vuelto durante unos instantes y saqué para esa ocasión mi traje más azul. Habíamos pasado las horas anteriores sólo durmiendo, así que me apetecía acoplarme a ese ventanal que bordeada toda la pared del dormitorio . Si no había sido la casualidad, cosa que estoy segura que no sucedía, la falta de espontaneidad nos había dejado atrapados en esa desnutrida habitación que desde semanas seguía siéndonos indiferentes.
Él desde la cama fingía un esbozado de ronquido, me quedé mirándolo, no era la primera vez que lo hacía, de hecho siempre ocurría así. Pero mi traje más azul me tomaba el cuerpo y empezaba a rodearme con las luces inéditas de esa repentina mañana como si el día probase su estallido en sus horas más jóvenes. Sobre mis pezones que apenas sobresalian de la exigua tela de esta mañana de noviembre y que contenía el olor de la noche, había un fino aliento de otros mundos, de otras manos que jamás habían tocado mi cuerpo.
Lo seguí contemplando y sonrojé, ya no temía que descubriera mi secreto...
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