Un día tuve que caminar con las
manos que colgaban:
de los vestidos de los filibusteros
y de las damas con el culto a los
tacones.
Con ellas atravesé el perímetro de la calle
Agarrando puñados de vidrios con la intención
De no volver a la casa con las manos vacías.
Hice un bosque solo de esas células que crecían en el camino
En mi hogar aparté el aire rancio de los armarios
Y extraje sin miramientos las luces de los espejos.
Con ellas me empolvé la cara
Y te amé de forma ininterrumpida
Hasta que me dijiste-¡ basta!
Y me marché a la calle de nuevo
Con las manos vacías.

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