lunes, 2 de noviembre de 2015

MICRORRELATO

Todo sucedió como esperábamos, el día había vuelto durante unos instantes y saqué para esa ocasión mi traje más azul. Habíamos pasado las horas anteriores sólo durmiendo, así que me apetecía acoplarme a ese ventanal que bordeada toda la pared del dormitorio . Si no había sido la casualidad,  cosa que estoy segura que no sucedía, la falta de espontaneidad nos había dejado atrapados en esa desnutrida habitación que desde semanas seguía siéndonos indiferentes.
Él desde la cama fingía un esbozado de ronquido, me quedé mirándolo,  no era la primera vez que lo hacía, de hecho siempre ocurría así. Pero mi traje más azul me tomaba el cuerpo y empezaba a rodearme con las luces inéditas de esa repentina mañana como si el día probase su estallido en  sus horas más jóvenes. Sobre mis pezones que apenas sobresalian de la exigua tela de esta mañana de noviembre y que contenía el olor de la noche, había un fino aliento de otros mundos, de otras manos que jamás habían tocado mi cuerpo.
Lo seguí contemplando y sonrojé, ya no temía que descubriera mi secreto...

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