Lo teníamos todo por hacer
y fuimos unos engreídos.
Nos confiaron la alegría
y la dejamos escapar
hecha de pedazos que escondieron otros.
Nos dieron golpes
que guardamos en el rostro
y la llenamos de soledad
ese terrible asedio
que supuso nuestra ausencia permanente
de cualquier parte.
Llegamos a ser incluso
ladrones de todas los nombres
pero no supimos
merecernos la vida.
Ahora ya no tenemos
más pájaros que nos
regalen la libertad.

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